Para algunos perros, la hora de comer es el momento más esperado del día. Para otros, es una obligación. El GUSTAZO convierte la segunda en la primera.
El ritual alimentario del perro es poderoso. Cuando hay algo que genuinamente disfruta, el perro desarrolla señales anticipatorias: empieza a vocalizar, a moverse, a buscar el plato antes de que lo sirvas. Es el resultado natural de repetir algo positivo.
El GUSTAZO activa ese circuito positivo porque aporta algo que el perro genuinamente disfruta: el olor del pollo cocido, de la carne, de las vísceras — ingredientes que el instinto canino identifica como comida de alta calidad. No es condicionamiento artificial — es respuesta natural a estímulo natural.
Los dueños que usan el GUSTAZO cuentan siempre una variación de lo mismo: 'Ahora escucha cuando abro la bolsa del congelador', 'Ya espera en la cocina cuando me ve preparar el plato', 'La hora de comer es el momento que más espera en el día'. Así se construye un ritual que tanto el perro como el dueño disfrutan.